Técnica de cata

El método SAT de WSET, explicado para catar cualquier vino

Cuando catas un vino a tu aire, cada vez te fijas en una cosa distinta. El método SAT sirve justo para lo contrario: recorrer siempre los mismos pasos, con las mismas palabras, para poder comparar y describir cualquier vino.

Qué es el SAT

SAT son las siglas de Systematic Approach to Tasting, el enfoque sistemático de cata del WSET (Wine & Spirit Education Trust), la institución británica que forma a profesionales del vino en todo el mundo. Es el método con el que me formé en el nivel 2 y el que sigo en mis catas.

Tiene dos ventajas. La primera, que no se te escapa nada, porque siempre sigues el mismo orden. La segunda, que da un vocabulario común: cuando dos personas dicen «acidez alta», hablan de lo mismo.

1. Vista

Con la copa inclinada sobre un fondo blanco, se valoran dos cosas:

  • Intensidad del color: pálida, media o profunda. Fíjate en cuánto se ve el fondo a través del vino.
  • Color. En blancos va del limón al dorado y al ámbar; en rosados, del rosa al salmón y al naranja; en tintos, del púrpura al rubí, al granate y al teja.

El color da pistas: los tonos teja o ámbar suelen indicar un vino con años, y un púrpura intenso, uno joven.

2. Nariz

Primero se mide la intensidad del aroma (ligera, media o pronunciada) y después se describen los aromas. Ayuda pensar en tres familias según su origen:

  • Primarios: vienen de la uva y de la fermentación. Fruta (cítricos, manzana, fruta tropical, frutos rojos o negros), flores, hierbas, notas vegetales.
  • Secundarios: vienen de la elaboración. Pan o bollería por el contacto con las levaduras, mantequilla o nata por la fermentación maloláctica, y vainilla, tostados, coco o especias dulces por el roble.
  • Terciarios: aparecen con el envejecimiento. Frutos secos, fruta pasa, cuero, tabaco, tierra, setas o miel.

3. Boca

Aquí se valoran las piezas que forman la estructura del vino:

  • Dulzor: seco, abocado, semidulce o dulce. La mayoría de los vinos de mesa son secos.
  • Acidez: baja, media o alta. Es la que te hace salivar y da frescura.
  • Taninos (sobre todo en tintos): bajos, medios o altos. Es esa sensación de sequedad en las encías, como después de un té muy cargado.
  • Alcohol: bajo, medio o alto. Se nota como calor en la garganta.
  • Cuerpo: ligero, medio o con cuerpo. Es el peso del vino en la boca, como la diferencia entre leche desnatada y entera.
  • Intensidad del sabor y sus sabores, que suelen repetir los de la nariz.
  • Final: corto, medio o largo. Cuánto tiempo sigues notando el vino después de tragarlo.

4. Conclusiones: la calidad

El último paso es valorar el vino: pobre, aceptable, bueno, muy bueno o excelente. No es cuestión de gustos. Para juzgarlo se miran cuatro cosas:

  • Equilibrio: que ni la acidez, ni el alcohol, ni los taninos, ni el dulzor destaquen por encima del resto.
  • Final: cuanto más largo, mejor suele ser el vino.
  • Intensidad de aromas y sabores.
  • Complejidad: si aparecen muchos aromas distintos o todo es una sola nota.

Por eso un vino puede no ser tu estilo y aun así reconocer que es muy bueno. Separar «me gusta» de «es bueno» es lo que más cambia la forma de beber.

Cómo empezar a practicarlo

El SAT se aprende catando, no leyendo. Mi consejo es catar siempre dos vinos a la vez: comparar es mucho más fácil que describir un vino aislado. Un blanco joven contra uno con barrica, o un tinto joven contra un crianza. Y apunta cada cata, aunque al principio escribas poco: en unas semanas verás cómo tu vocabulario crece.

Si quieres organizarla tú, en esta guía te cuento cómo hacer una cata de vino en casa.

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